someone still loves you...

¿A mí me pasa lo mismo que a usted?

In Adriana Roldán on Agosto 12, 2009 at 7:29 pm

Qué memoria…

Hace algunos años que empecé a tomar consciencia de la cantidad de tiempo que pierdo buscando cosas que no recuerdo dónde dejé. A la fecha, yo le calculo (tranca-tranca) unos quince días de vacaciones en Mar del Tuyú con pensión completa. Mínimo, ¿eh?

Que las llaves, que la cartera, que los papeles de laburo, que la tirita de aspirinas, que el libro que estaba leyendo… Encima, el número de chirimbolos que necesito tener a mano para llevar adelante una vida medianamente digna se incrementa casi minuto a minuto. Por supuesto, no me refiero a que sin un Rutini no te paso los ravioles o que necesito una campera de conejo sí o sí para ir a ver las gallinas campeonas de la WonkaExposición Rural. Nononononó. Hablo de los dos pares de lentes (no los de sol a lo Willy Wonka sino los de corta y media distancia, como los bondis), la pastilla para el colesterol, el T4 para compensar una tiroides perezosa, el carnet del gimnasio para descontar algunos kilómetros de tabaco y varios largos de hidratos de carbono, y la credencial de la cobertura médica porque diosnoslibreynosguarde de no tener a dónde ir con la hernia de disco, los meniscos hechos puré o la indicación de perno y corona. En fin, toda una batería de suplementos, complementos y aditamentos que no menciono por pudor. Pero antes de que me olvide, volvamos a lo de la memoria.

recordarCon el asunto de “las cosas” que tengo que recordar, después de una breve crisis, me repuse y empecé a rebuscármelas bastante bien. La agenda de Yahoo me manda mails recordándome citas y cumpleaños. La página del banco, con el cariño maternal de un cuervo, se ocupa de avisarme qué cuenta está por vencer. El contestador automático de Telefónica, si me olvidé de escucharlo, me llama con puntualidad a las 6:50 (am) para que una voz  femenina y robótica me diga: “Usted – tiene – un – mensaje – nuevo”. Y el celular, pequeña prótesis con luces & tapita, me despierta todas las mañanas. ¡Ah! Y ayuda a que mi hija y yo, cuando se nos impone, no pasemos de largo una sola dosis de antibiótico.

Por supuesto, todo esto podría interpretarlo como una expresión de la decadencia propia de los años, la amenaza del Alzheimer, la maldición de Vicente Leonidas Saadi o, sencillamente, la oxidación de neuronas, axones, dendritas y todas esas porquerías que tenemos adentro y que ya no recuerdo (of course) cómo cornos se llamaban. Pero no me parece, che. Por el contrario, creo que no hay que enojarse sino disfrutarlo.

Admitámoslo, gagagueños. Estamos medio jodidos de la memoria RAM y por eso colapsamos cuando el manual del DVD quiere bajarnos a tres megas de velocidad las instrucciones para usarlo. Por su parte, el disco rígido intracraneal, después de algunas décadas de guardar cualquier verdura, a veces se nos tilda. Pero debo reconocerle que así como me pierde el archivo con el vencimiento de la luz, de pronto me saca de la galera el vivo recuerdo de mi abuela en el patio escuchando a Bobby Solo. En lo personal, no estoy dispuesta a negociar los ecos de una sola fritura del Winco donde sonaba aquel tano para hacerle espacio en mi cabeza a SEGBA. Digo, a Edesur.

Winco

Me  parece que, mirada desde este punto de vista, no está nada mal la época que nos toca vivir. Porque a medida que nos vamos poniendo tecnos y nos aprovechamos de todos esos inventos que se nos ofrecen como bastones y anexos de la memoria, tenemos más espacio y disponibilidad para sólo preocuparnos por tener presente lo que de verdad debe ser inolvidable.

Pasión selenita

In Adriana Roldán, Gabriela Ramos on Julio 23, 2009 at 7:28 pm

En la semana de los 40 años del primer alunizaje, los medios echaron mano a recursos de toda índole para conmemorar la efeméride: desde entrevistas a científicos o personal de la NASA, hasta incunables que reconstruyen el ambiente cultural de fines de los años 60, como el long play Los preferidos a la luna, con la caricatura de Palito Ortega disfrazado de astronauta en tapa y temas de La Joven Guardia, Donald y Los Iracundos, entre otros destacados artistas de la época:

los+preferidos+de+la+luna

O el recuerdo de los viajes espaciales de personajes de Las aventuras de Hijitus, como Pucho…

pucho

Desde este blog decidimos celebrar el nuevo aniversario del “pequeño paso para el hombre y el salto gigantesco para la Humanidad” con una propuesta para nuestros amigos y lectores: somos conscientes de que la luna y el alunizaje suscitan toda suerte de intrigas y preguntas sin respuestas. Aquí van algunas de ellas; los desafiamos a completar y discutir la lista.

1. ¿En que lugar de la luna descendieron Armstrong, Aldrin y Collins, en el claro o en el oscuro?

2. ¿Armstrong es el hermano blanco de Louis?

3. ¿Collins el primo yankee de Phil?

4. ¿El Lado Oscuro de la Luna fue un intento tardío de Gran Bretaña para salir en la gran foto de la carrera espacial Mundo Libre vs. Cortina de Hierro?

5. ¿Dónde y cómo hacían pis y caca los astronautas? ¿Se aguantaron todo el viaje? ¿Hicieron adaptación previa a la partida para no extrañarsus baños?

6. ¿Podía distinguirse la piedrita lunar que nos mandaron de muestra para exhibir en el Centro Cultural San Martín de cualquier pedregullo de plaza?

7. ¿La estación terrena de Balcarce, inaugurada con el alunizaje, representó una diversificación del negocio de los postres y las papas hacia el área de las telecomunicaciones?

8. ¿El compliado de la luna traería el hit  Luna, lunera, cascabelera por Eydie Gorme y Los Panchos…?

9. ¿Qué clase de nombre es Eydie?

¡Vamos, lunáticos de ayer, de hoy y de siempre! ¡Anímense, que está fresco y escasea la diversión gratuita ! Esperamos preguntas. O, en su defecto, respuestas…

Hacer click sobre la imagen para escuchar el audio. La imagen quedó estaqueada en el recuerdo.

Nota de las autoras: Después escuchar los temas musicales de los enlaces, hemos comprendido por qué quienes sufrimos el bombardeo beat de los años 70 somos capaces  sortear cualquier escollo…

Egresados de Salita Azul

In Adriana Roldán on Julio 20, 2009 at 12:08 pm

Hoy es el Día del Amigo. No recuerdo con exactitud cuándo esta celebración se incorporó al calendario de festejos argentinos, pero sé que comenzó a existir un rato largo después de 1980. Más o menos. Ponele.

Cada año recibo más saludos y congratulaciones en este día. Al principio provenían de gente con la que tenía o había tenido una relación amable. Después se fueron incorporando viejas relaciones (ex compañeros de…) y relaciones “sociales” (qué sé yo, esa gente que conociste en el laburo y con la que te llevás o te llevabas bien). Más tarde se sumó la fiambrería de la esquina de casa, que considera a todos sus clientes como amigos y por eso, en ese día, te convida con unos quesitos y puntas de fiambre de máquina cuando vas a comprar. Y otras empresas y organizaciones a las que les interesa el país y yo, aparentemente.

¿Saben quiénes en su mayoría, con alguna que otra excepción, suelen esquivarle al saludo y consecuente festejo a este novedoso “Día del”? Mis amigos. Esas personas que me vieron el alma en chancletas, despeinada y con fiebre. Las que me ayudaron a lavarle la cara a mi espíritu para salir de vuelta a ponerle otra ficha a la alegría, la felicidad y la vida. Personas con las que me he reído hasta doblarme, con las que he discutido hasta enojarme, soñado, disentido, acordado, delirado, boludeado, y compartido los logros y el aburrimiento. Que me abrazaron cuando me sentí feliz y cuando estaba hecha pelota. Esa gente a la que me gusta cuidar, mimar, escuchar, recibir en casa y darles de comer.

En fin, los que me saludan y a los que saludo poco en este Día son mis amigos. Y me gusta compartir con ellos el sentimiento de que la amistad no tiene que ver con la Salita Azul. “Todos somos amigos” está muy bien cuando lo usa la maestra para evitar que los niños se provoquen traumatismos de cráneo con los bloques. Pero a los 48, me siento feliz de compartir con mis amigos que lo que nos une es un sentimiento más delicado, más especiado, más condimentado, más perfumado, más profundo, más complejo y —por sobre todo— más excepcional.